20/12/07

La Peluquera

Ella acariciaba mi pelo mientras yo me relajaba en el asiento, sus grandes pechos estaban apoyados en mi nuca dándome una muy placentera sensación, empezaba a sentir que mi sangre se empezaba a calentar, mis pensamientos se iban hacía los rincones más oscuros de mi cerebro y ya ni siquiera tenía los ojos abiertos porque mi imaginación comenzaba a hacer su trabajo. Cuando ya estaba muy extasiado ella me dijo

- ¿Cómo se va a cortar?
- Quiero que me recorte un centímetro arriba y en los costados.

No era una modelo pero tenía una bonita cara, era alta, flaca y tenía su pelo corto, el culo redondo y los pechos enormes, un escote no muy pronunciado pero que presionaba sus pechos logrando que se vean más levantados, debo reconocer que si me la hubiese encontrado en algún lugar de mala muerte como los que frecuento hubiese sido una de mis elecciones de esa noche. Pero aquí era distinto, era una mujer a la que no podías tocar, mientras ella podía hacer lo que quisiera conmigo, porque yo estaba sentado con esa gran capa que te ponen donde sólo tu cabeza se asoma y te coarta la libertad de acción

Mientras me cortaba el pelo con las especificaciones que yo le había dado, ponía sus pechos a cada lado de mi cara. La sensación era fantástica, sentir sus pechos apoyados en mi cara mientras medía el cabello que iba a cortar, luego se cambiaba de lado y era el otro costado de mi cara el que recibía la caricia de esas grandes tetas. Las ganas que tenía de sentar a esa mujer en mis piernas y empezar a jugar con sus pechos era indescriptible, ella lo notaba y lo hacía con más ganas cada vez, siempre se acercaba un poco más.

-Debe hacerlo con todos los clientes –pensé-, Pero en ese momento me daba lo mismo, era yo quien estaba sintiendo sus pechos, quizás tenía pololo, era casada o tenía 5 hijos de distinto padre. En aquel instante esos pechos eran para mí, me los estaban ofreciendo y yo los estaba disfrutando.

Fue pasando el tiempo y ya el vaivén de pechos acariciando mi cara y nuca empezaba a hacer efecto, mi pelo ya estaba corto y solo faltaba darle los últimos detalles, pero ella no pensaba lo mismo.

- ¿Quieres que te lave el pelo?, así no te molestan los pelitos chicos que cayeron.

Ya me era imposible decirle que no y ella lo sabía, se estaba aprovechando de la situación y yo también. Fui hasta el asiento donde estaba el aparataje para lavar el pelo y me senté, ella se colocó delante y sacó una toalla que estaba al otro lado del asiento, en ese momento sus pechos quedaron justo frente a mi cara, luego se levantó y me sonrió, sabiendo que yo había quedado con la vista pegada en su escote.

La situación fue similar, ella comenzó por mojar mi pelo y a acariciarlo para que el agua llegara a cada lugar, luego sacó el shampoo y comenzó a masajear mi pelo para liberarlo de esos pelos chicos que quedaron ahí tras el corte, la sensación seguía siendo espectacular, ella movía sus manos sobre mi cabeza como una real profesional, como una persona que sabe lo que está haciendo y que le gusta su trabajo.

Al momento del enjuague, ella se colocó delante, sus pechos quedaron a escasos centímetros de mi cara y yo tenía la vista pegada a ellos, hasta que alcé la vista y vi esa sonrisa cómplice en su rostro. Mientras me sacaba el shampoo se empezó a acercar de a poco, hasta que sus pechos quedaron pegados a mi cara, me levanté un poco para lograr sentir esos pechos apretados contra mi cara, al contrario de lo que creía ella en ningún momento se alejó, dejo que yo me quedara ahí hasta que logró dejar mi pelo limpio, en ese momento se alejó y con una mano me empujo la cabeza hacia atrás, siempre sonriendo.

Ya la sensación era insostenible, la atención había terminado y debía pagar, pero yo no podía salir así a la calle, la erección que tenía se notaba y ella me dijo q fuera al baño, que se encontraba justo al frente y sin antes tocar mi pantalón y guiñarme un ojo me dijo que entrara y ella me esperaba. Fue una paja rápida, ya había estado cerca de medía hora con sus senos en mi rostro, la imaginación funcionó a mil y acabé.

Al salir ella estaba ahí esperándome

- ¿Te gustó?
- Por supuesto, nunca me habían tratado tan bien en una peluquería
- Entonces me gustaría que volvieras, porque a mi me encanta tratar bien a mis clientes y más si vienen siempre.
- En ese caso volveré siempre que tenga la oportunidad, quiero ver que más me puedes ofrecer
- Te estaré esperando, te prometo tratarte mejor cada vez

Se despidió con un beso en la mejilla y me fui hasta la caja a pagar, ella fue a atender a otro cliente, supongo que la atención será la misma.

Tomé rumbo hacia mi hogar, pasé a comprar unas latas de cerveza, me bebí un par y me dormí.

23/11/07

Contacto

Viernes 19.30 horas y era la primera vez que iba al departamento de una prostituta, no iba a atenderme, pero si tenía una misión importante, elegir a una de las muchachas para la despedida de soltero de un amigo.

Durante la tarde había llamado a tres o cuatro mujeres que ofrecían sus servicios a través de un sitio web exclusivo para damas que atendían en Concepción y una de ellas me había gustado y también al resto de los asistentes a la despedida. No sé por qué me habían dejado a mí la misión de ir a conocerla, pero acepté de todos modos.

Eran las 19.45 y estaba afuera del edificio que ella me había dicho, la llamé para que me diera el número del departamento al que debía llegar.

- Te espero en el 403 amor - me dijo con voz tierna, subí rápidamente.

El exterior del edificio dejaba mucho que desear, pasillos oscuros y ventanales rotos me daban poca confianza y los deseos de salir rápido y vivo de ahí se agolpaban en mi cabeza, al llegar al piso indicado di una par de vueltas para reconocer el terreno en caso de tener que salir corriendo -sí, estaba un poco paranoico, lo sé-, al darme cuenta que todo estaba correcto toqué el timbre y esperé.

Era una diosa, metro setenta de alto, una cintura pequeña, pechos no muy grandes (cabían perfecto en la palma de la mano) y un trasero que si no era formado en un gimnasio quiere decir que la genética puso toda su fuerza en hacer ese trasero perfecto, me quedé pasmado un rato (no más de tres segundo, supongo) y la saludé con un beso en la cara y tomándole la cintura para ver si su cuerpo estaba tan duro como se veía, debo reconocer que lo estaba.

Su primera impresión fue que yo quería atenderme con ella y me hizo pasar directo a su pieza, al hacerle notar que yo no iba por una atención sino que para ver los detalles para la despedida se disculpó y me llevó hacia el living de la casa. Allí me presentó a las cuatro muchachas que estaban en ese momento en el lugar, las cuatro desfilaron frente a mí, mientras yo sentado en el sillón me deleitaba con sus cuerpos y sus sugerentes ropas.

- Ellas son María José, Carol, Camila y yo soy Romina- me dijo con una sonrisa pícara, ninguna de ellas pasaba los 23 años. Mi primer pensamiento fue preguntar cuanto por las cuatro, pero preferí no decir nada, .

Los servicios eran normales, baile y "contacto" (así le dicen al polvo o prestación como diría Pantaleón Pantoja) con el novio si él lo desea. La elegida era Romina desde un principio, por lo tanto ya teniendo la información me despedí de ellas y me fui.

En realidad, me quise despedir de ellas e irme (la tentación era mucha y la plata poca), pero ellas no querían lo mismo, un cliente es un cliente y había que atenderlo como tal (así debieron pensar). María José puso música lenta y las cuatro comenzaron a bailar al frente mío, a esas alturas yo estaba embobado mirándolas y las ganas de salir del lugar se me habían quitado.

Cada una me describió lo que ofrecía y por cuanto dinero, lo hicieron de forma ordenada, mientras las otras tres bailaban una se sentaba al lado mía, me tomaba la pierna, el pecho o el pelo y me daba cariñosamente la información, al parecer no competían entre ellas lo cual era bueno porque generaba un grato ambiente. Mi temperatura había subido hace rato pero quería ver que mas eran capaces de hacer para lograr sus objetivos, hasta que el clímax llegó, comenzaron a besarse entre ellas y en ese momento las cuatro me miraron como preguntando ¿a quién eliges?.

Dudé un poco, Romina y Carol eran las que más me habían gustado y no podía decidir, además no sabía si atendían juntas y no pregunté porque la billetera no me la iba a aguantar, finalmente elegí a Carol, era el tipo de mujer que me gustaba y no podía evadir mis instintos. Las otras tres se despidieron de beso, dos en la cara y Romina me dio el beso en la boca y me dijo "nos vemos en la despedida", le sonreí y le dije que la llamaría el miércoles sin falta.

Pagué por media hora, (mi presupuesto no daba para más), Carol me tomó de la mano, me dio un largo beso y me llevó hasta su pieza, salí una hora después.

05/11/07

Aclaración

Es un karma del cual creo que nunca me podré desprender, soy un imán para generar odio de parte de los pololos de mis amigas y creo que se debe a la relación que genero con ellas.

Voy a hacer una aclaración, NUNCA me voy a meter con una amiga, porque si lo hiciera la amistad se podría romper y es algo que no estoy dispuesto a arriesgar. Entiendo que no todos me conocen como para saber eso y que ciertas cosas pueden despertar suspicacias, pero esa ha sido mi forma de pensar desde hace mucho tiempo, ya aprendí de mis errores.

Pueden desconfiar de mí, no me conocen y lo entiendo, pero no desconfien de la persona que dicen querer, le hacen daño y sin tener motivos reales.



Lobo

11/10/07

La hija del jefe

Comencé a correr, el viejo había soltado los perros y tenía que arrancar de alguna forma.

- No voy a poder saltar la reja – pensé, mientras trataba de mantener el paso.

Miré hacia atrás y la vi gritando que me apurara, su padre la tomaba de una brazo y la metía a la casa enfurecido. Habíamos mancillado su casa y eso no lo iba a perdonar.

- Tendré que subir al árbol y desde ahí saltar – sonaba fácil, pero los perros ya estaban a un metro y los malditos nunca me quisieron, era claro que me atacarían a la menor oportunidad.

Salté y me aferré al árbol, subí lo más rápido posible y descansé un segundo, los perros saltaban tratando de alcanzarme pero ya no podrían.

Miré hacia la casa, pero sólo estaba el viejo gritándome, ni rastros de ella, debía estar llorando en su pieza.

Les lance un par de ciruelas en la cabeza a cada perro, era lo que tenía a mano, y salté hacia la pared, resbalé y uno de ellos alcanzó a morderme la pierna, pero logré zafarme.

Salté al otro lado, estaba a salvo.

Al día siguiente fui al trabajo, sabía lo que pasaría así es que ni siquiera me afeité. Al llegar todos me miraron y me señalaron como culpable, no les hice caso.

Entré a la oficina, el viejo me esperaba.

- Estás despedido – dijo, su cara estaba roja y un poco desfigurada.
- Lo mejor de esto fue su hija – respondí sonriendo. El viejo estaba más rojo.

Salí del lugar, mis compañeros de trabajo me preguntaron que había pasado.

- Nunca te metas con la hija del jefe, querrá matarte - dije mientras me reía.

Me fui al local de siempre, ella me estaba esperando.

- Gracias por ayudar a deshacerme de ese viejo desgraciado – sonrió.

Me entregó el dinero acordado, me besó y se fue. Volví a mi departamento y me tomé un trago, terminé de escribir y salí a buscar una nueva historia.

19/09/07

Puta Ladrona

Las noches donde la Olga eran algo de todos los meses. Llegaba el pago e iba a tomar un trago y a tirar con alguna de las putas. Nunca me repetí con alguna, la tía tenía un buen staff de muchachas y otras más veteranas pero que igual se conservaban bien.

Costaba sesenta lucas más los tragos, siempre compraba uno, elegía una mujer y me iba a tirar. Las piezas eran chicas, pero no tenían el olor a sexo que había en otros locales.

Dijo llamarse Almendra, trabajaba para pagar la Universidad. Yo no estaba interesado en su historia, sólo quería que la plata que gasté en ella valiera la pena.

Estuvimos cerca de cincuenta minutos tirando y golpearon la puerta.

- ¿No quieres otra hora?– me preguntó.
- No gracias, tengo cuentas que pagar – respondí.

Eso no le cayó bien, se vistió rápido y se fue, me puse los pantalones y me di cuenta que mi billetera no estaba.

- ¡La puta me robó! – grité. no terminaba de hacerlo cuando aparecieron dos gorilas, me tomaron y me sacaron del local rápidamente.

- Debí haberle dado durante una hora más, me hubiese salido más barato - pensé, mientras levantaba mi culo sin plata del suelo.

14/09/07

Fiestas Patrias

Nueve años habían pasado, diez desde la última vez que habíamos estado juntos, pero su rostro y esas piernas que en el liceo me volvían loco estaban intactos. Yo por el contrario estaba destruido por efecto del alcohol, mucho más gordo que en esos tiempos y con una barba que ya me acompaña hace años, muy distinto al de antaño.

Eran las diez de la noche, las ramadas de la Universidad de Concepción estaban abarrotadas de gente y yo defendía mi vaso de la gente que pasaba por mi lado. Ella me saludó de forma muy efusiva, lo que realmente incomodó a su pololo de turno.

Por un momento volví a tener 16 y recordé a esa mujer desnuda sobre la cama de sus padres, quizás el de turno lo notó y por eso su actitud fue tan mala, pero esa es una de esas mujeres que uno no olvidaría, porque esas piernas y caderas tenían, y creo que aún tienen, movimientos que podían volver loco a cualquiera.

Imposible olvidar esos recreos en que se sentaba en mis piernas, las escapadas hacia los baños en medio de las clases y sobre todo cuando ibamos a su casa mientras sus padres trabajaban, la cicatriz de mi espalda es por sus constantes rasguños.

Diez años pasaron y es posible que vuelva a vivir la época de mis 16, porque me invitó a su casa para estas Fiestas Patrias.

Creo que pasaré un buen 18.

03/09/07

Un día extraño

El viento movía el edificio, o por lo menos el departamento 45, yo fumaba el último cigarrillo que tenía, mientras Don Miguel me observaba con su cara de muerto y su agujero en el cuello.

Había sido un día extraño, demasiado tranquilo, cosa a la que no estoy acostumbrado. Ernesto, Germán y Luis no estaban y el viento era mi única compañía.

Este nuevo amigo entraba como quería al departamento, faltaba un vidrio en la pieza de Germán, lo que convertía el segundo piso en una zona de corrientes constante. Bajé al primer piso.

Craso error, la puerta de la logia para variar se había caído y no se podía cerrar.

- ¡Departamento de Mierda!- grité, obviamente nadie me escuchó, sólo el viento.

Algo tenía que hacer para remediar esto, pero simplemente no tenía ganas. Me abrigué bien y me puse a ver televisión, ahora además del viento me acompañaban las botellas de cerveza que bebimos la noche anterior.

Era un día extraño, no cabía duda. No había nadie para comentar el dolor de cabeza que me provocó el exceso de cebada.

Me armé de ánimos y comencé a arreglar la maldita puerta. Necesitaba herramientas, la llave inglesa y el destornillador, además de un trago para calentar el cuerpo, la opción fue un poco de Ron Cacique.

- ¡Puerta de Mierda! – dije, nuevamente nadie me escuchó, sólo el maldito viento.

Demoré un poco en la reparación, no soy un personaje que me caracterice por realizar este tipo de labores, normalmente rompo cosas, pero finalmente logré mi objetivo y cerré la puta puerta.

- Necesito un trago y una mujer- pensé.

Saqué mi maltratada libreta negra, aquella que varias quisieron quemar, y llamé a una flaca, una de tantas.

Quedamos en que iría a su casa –tanto trabajo para dejar el departamento listo para traer una mujer y satisfacerla acá y la muy estúpida me hace salir-, pasé por un Baileys que es el trago que le gusta y llegue a su hogar.

Me recibió con su frialdad de siempre, aquella que ya aprendí a manejar con el paso del tiempo.

Tomó la botella y la puso sobre la mesa, los vasos ya estaban ahí esperándome. Nos sentamos a conversar las mismas estupideces de siempre, aquellas que sirven para calentar el ambiente.

Bajamos la botella, a esa altura nuestra calentura era máxima. Nos quedamos en el living, no había nadie que nos molestara y pasó lo de siempre.

Dos horas después me estaba despidiendo, como siempre lancé la frase gancho, esa que ella nunca me ha creído pero que funciona de todas formas, “te llamo en la semana”, obviamente siempre pasan meses entre un encuentro y otro por lo tanto nunca cumplo aquello.

Era un día extraño, tras salir de casa de la flaca, la lluvia y el viento me llevaron de vuelta al departamento.

- ¡Puta Lluvia!- pensé, pero tenía que volver, el gélido iglú en el que vivo y mi ya no tan amigo viento me esperaban.

Llegué al edificio, eché puteadas porque el viento no me dejó abrir la puerta fácilmente, el maldito quería la casa para él solo.

La sensación era inaguantable, Luis ya había vuelto y maldecía al viento. Ahora el problema era la pieza de Germán, las malditas rejillas dejaban pasar toda la corriente.

Decidimos actuar, cartones y scotch en mano sellamos la pieza, el viento ya no pasaba como antes, pero había un rincón por donde se colaba y por ahí se escuchaba un tétrico silbido.

- Por lo menos ya no enfría, sólo asusta- dijo Luis.

El departamento se movía, temblaba debido a la fuerza del viento, las ráfagas no dejaban escuchar nada.

No había otra opción, teníamos que ir a comprar algo, elegimos beber ron y no escatimamos esfuerzos en conseguirlo.

- ¡Maldita Lluvia!- dijimos al salir.

Fuimos hasta el Rissan, único local abierto cerca donde tengan alcohol, compramos el trago, la Coca-Cola y el hielo y volvimos a casa.

Horrible fue la sorpresa cuando entramos al 45, los cartones se habían salido y para rematar la puerta había caído y estaban repartidos los vidrios por todo el piso.

- Maldito día extraño.

27/08/07

Perdido en el Hospital

Esta historia va dedicada a mi abuela, cumple queteimporta años mañana y esta es una de sus historias favoritas para contar sobre mí xD

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Tenía seis años, un historial de epilepsia desde que nací y por esa razón iba constantemente al hospital a controlarme, El doctor Rojas, un tipo gordo, de pelo largo y barba, era mi pediatra.

Aquel día estábamos apurados, me iban a atender a las 12 y tenía que entrar a clases a las 2, pero como en todo hospital que se precie, el horario no fue respetado. Eran la 1:15 y recién salíamos de la oficina del doctor, mi mamá estaba desesperada porque no alcanzaría a almorzar para ir a la escuela y aún teníamos trámites que hacer.

Ella debía ir a la farmacia del lugar a buscar los remedios que tomé hasta los nueve años, una pastilla roja que al final me ayudo a vencer la enfermedad, y mientras me dijo que fuera a comprar algo para que engañara al estómago y volviera. Como niño obediente que siempre fui, hice todo al pie de la letra.

Cuando volví a la farmacia mi mamá no estaba, recorrí el hospital tres veces y no la encontré, se había perdido, y salí de allí. Una vez fuera la vi, media cuadra más allá caminando hacia el centro de la ciudad, la seguí hasta alcanzarla en la otra esquina, pero no era ella, usaba la misma chaqueta y el mismo peinado, sin embargo mi mamá nunca en su vida ha usado lentes como la mujer que tenía al frente así es que la descarté como progenitora.

Tenía dos opciones, volver al hospital o seguir caminando hasta mi casa, opté por la segunda. A esa edad era un asiduo lector de “Papelucho” por lo tanto me gustaba la idea de caminar y recorrer cualquier lugar.

Pensé en pasar por el diario para que pusieran un aviso de que mi mamá se había perdido y que la necesitaba encontrar. Me pasé mil películas, que la secuestraron, que me dejó botado, los OVNI, etc. Seguí caminando por Colón, la calle principal de Los Angeles, siempre caminaba por ahí con algún miembro de mi familia por lo que el paisaje me era conocido.

Doblé en Lientur, la calle por donde se iba mi abuelo en el furgón para la casa, y desde ahí llegue hasta Ercilla, mi punto de referencia era la Fuente de Soda Bío-Bío, que estaba en la esquina, siempre compraba helados ahí, por lo tanto ya estaba cerca de la casa, un par de cuadras solamente.

En todo el trayecto pasaron alrededor de cuarenta minutos, tomé la última intersección, quedaban cuatro casas para llegar, cuando iba en la tercera, vi a mi abuela salir llorando de allí y diciendo “El Mauricio se perdió”, obviamente la corregí y le dije que estaba al lado de suyo, ella me abrazó y me llevó así a la casa, pero seguía repitiendo que me había perdido.

Entramos a la casa, estaban mi abuelo y mi tío Alberto, ambos se preocuparon al verla llorando y al escucharla la corrigieron tal como lo hice yo antes, le dijeron que yo estaba en la casa y que ella me tenía abrazado. Recién allí entró en razón, pero siguió llorando.

- Sonia llamó diciendo que el Mauro se le había perdido en el hospital y que estaba desesperada- dijo.

- Hay que ir a buscarla entonces- respondió mi abuelo.

Salió en el furgón mientras yo almorzaba, llegó a los veinte minutos. Mi mamá al verme me abrazó como para dejarme sin aire y me preguntó donde me había metido, explique todo.

- Tuve que volver a la oficina del doctor porque la receta estaba mala- dijo.

Aquel había sido el momento en que se perdió.

Eran más de las dos de la tarde, mi mamá me dejó quedarme en la casa sin ir a clases, para recuperarme del trauma.

Lo que hay que hacer para saltarse un día de escuela.

24/08/07

Mala Borrachera

Desperté sentado en la sala de espera del Hospital, miré para todos lados y reconocí a Luis que pedía que lo dejaran pasar a ver a un amigo. De pronto recordé todo, fue fácil, ya que me dolía mucho el hombro en que había recibido el garrotazo de parte de los malditos pendejos.

Había sido una gran borrachera y había terminado de muy mala manera.

Luis, Ernesto y yo bebíamos desde temprano, las botellas de cerveza se habían acumulado al lado del sillón. Cuando llegamos a la novena decidimos que necesitábamos algo más fuerte para seguir, una botella de pisco se veía como la opción más viable.

Eran pasadas las 2 de la mañana, todos los locales estaban cerrados, excepto uno, allí debíamos tocar la puerta y decir la contraseña, aquel estaba hasta las 6 en día viernes y sábado y lo conocíamos muy bien, más de alguna vez salvó nuestras angustias.

Al llegar allá nos atendieron como siempre, saludo de mano por parte del tío, el respectivo beso en la mejilla a la mujer de turno, realizar el pedido y salir, todo con cautela para que Carabineros no detectara nuestra presencia. Salimos del local normalmente mientras un auto estacionaba para realizar la misma transacción que nosotros.

Reconozco que nuestra borrachera ya alcanzaba niveles odiosos, pero en el local lo habíamos disimulado perfectamente. No fue así una vez en la calle, ya que comenzamos a gritar y cantar camino al departamento, un par de pendejos nos empezaran a molestar por eso, lo que gatilló que Ernesto empujara a uno de los desconocidos, quien se compuso de inmediato y lanzó un golpe, el cual falló.

Luis y yo, viendo la inminente pelea, alejamos a Ernesto y tratamos de calmar los ánimos, estábamos borrachos y pelear no estaba en los planes de esa noche. Nos alejamos un poco mientras los pendejos seguían gritando insultos. Ernesto, quien poseía antecedentes de borracho luchador, no se aguantó y comenzó a devolver los insultos y se fue acercando a ellos.

Los gritos continuaron y ellos empezaron a tomar elementos para lanzarnos, supimos que era hora de volver y beber tranquilos la última botella de la noche, pero nuestro ya incontrolable amigo no pensaba igual y seguía insultándolos, aburridos y esperando que Ernesto nos siguiera volvimos al departamento, no alcanzamos a dar dos pasos y sentimos un golpe.

Una piedra había golpeado su cabeza.

Volvimos a ayudarlo, con la conmoción había caído al piso, la cabeza le sangraba de forma abundante y para cerrar la escena, los pendejos se acercaban a nosotros. Luis trató de incorporarlo para poder caminar y llevarlo al Hospital, pero ya los teníamos encima.

Nos paramos frente a ellos para no dejarlos acercarse a nuestro amigo herido. Los insultos iban desde ambos bandos y notamos que un de ellos portaba un cuchillo y el otro había tomado un fierro que encontró tirado en la vereda. Ernesto intentó levantarse para recuperar su honor, pero Luis lo tomó y lo alejó unos metros del lugar, como era de esperar nuestro amigo seguía incitando a los extraños y Luis tenía la misión de calmarlo como fuera.

Quedé solo frente a ambos muchachos, el intercambio de palabras fue fuerte, tenía que pedirles que se fueran sin demostrar debilidad. En ese momento estaba sobrio por la situación, sentí el cuchillo en mi cuello.

- Dile a tu amigo que no se meta nunca más con nosotros o verá este cuchillo más de cerca - me dijo en tono amenazante.

- Anda a comprar tu copete y déjanos tranquilos - respondí, sentí como sacaba el cuchillo de mi cuello.

Ante tal situación y tratando de que esto no se agravara me voltee y caminé hacia mis amigos. No había alcanzado a caminar cinco metros cuando siento el garrotazo cobarde caer sobre mi hombro.

- ¡Ahora se quedarán tranquilos los conchesumadre! – grité, ellos sólo sonrieron y se fueron.

No valía la pena continuar esto, Ernesto seguía sangrando y era mejor llevarlo al Hospital, aunque mi nivel de enojo era altísimo y se lo hice saber a Ernesto, por quien se habían desencadenado todos los eventos. Masticando la rabia caminé hasta el departamento junto a ellos y llamamos a una ambulancia.

Una vez en el Hospital nos sentamos a esperarlo. Por la sala pasaban los más distintos casos, niños enfermos, borrachos varios y hasta un hombre que tenía atravesado un cuchillo desde la frente hasta su boca.

Eran las seis de la mañana, estaba cansado y me dormí.

Al despertar noté que Luis hablaba con alguien para que lo dejaran pasar a ver al herido, en eso me levanté y fui hacia ellos pidiendo que dejaran a entrar a uno de nosotros por si nuestro amigo necesitaba algo, la insistencia rindió frutos y logré ingresar.

Ernesto esta descansando en una camilla, le habían suturado la cabeza y se encontraba dopado aún, me pidió tomara sus lentes y me los llevara, porque se le podían perder o quebrar, la enfermera me dijo que él necesitaba descansar y que estaría en buenas manos, me despedí y fui donde Luis.

Volvimos al departamento, nosotros también necesitabamos descansar, había sido una mala borrachera.

21/08/07

Viaje a Santiago

Iba atrasado. Bajé de la micro, compré un sándwich de queso junto al estadio y entré al Terminal de Buses, compré el último pasaje que quedaba en Nilahue, asiento 44, al final del bus, subí rápidamente a la máquina.

Estaba cansado y con unas cervezas en el cuerpo, varias en realidad, esa mezcla nunca era buena para mí, sobre todo en viajes largos como este, pero me había comprometido a asistir al asado y no podía fallar.

Junto a mi iba una mujer, aparentaba ser menor que yo, pero al momento de sentarme ya estaba dormida por lo que no pude conocer más datos.

Moví mi asiento hacia atrás y me acomodé para descansar, ya habíamos partido y el auxiliar comenzaba a pedir los boletos. Ella despertó sin ganas y entregó su pasaje. A esas alturas mi estómago empezaba a pedir comida y saqué el pan que tanto necesitaba.

Comencé a comer, ella me miró y me pidió si podía darle un trozo de pan.

- Vengo directo del carrete - dijo.

No tardé en manifestarle que no era la única en esa condición, ante lo cual ella me sonrió.

Tal vez tendría unos 22 años, era trigueña de piel blanca y ojos color miel, delgada y con una bonita sonrisa.

- Me llamo Paula.

- Soy Mauricio.

Estuvimos conversando largo rato, ambos con una leve resaca, ante tal situación ella se levantó del asiento y le pidió agua al auxiliar, terminó trayendo una botella de dos litros llena del preciado líquido.

Estudiaba Obstetricia en la Universidad del Desarrollo de Santiago, pero había viajado a ver a sus padres que vivían en Concepción, al parecer había pasado a otro lado además de la casa de los padres, por la condición en que se encontraba.

Las luces se habían apagado, la película que pusieron en la primera parte del viaje había terminado y ya gran parte de la gente dormía, nuestros cuerpos también iban rindiéndose al cansancio, nos dijimos buenas noches y cerramos los ojos.

Pasó cerca de una hora cuando volví a despertar, mi cabeza cayó pesadamente hacia adelante debido a la mala posición en que estaba sentado. Ella seguía dormida, pero su cabeza estaba apoyada hacia mi parte del asiento. Comencé a observarla con la tenue luz que iluminaba el pasillo del bus, tenía un rostro precioso y unos labios carnosos que me incitaban a besarla, era fácil caer en tentaciones.

Pensé en que algo tenía que hacer, no podía quedarme así, no es mi estilo, fui por la opción más básica, apoyé mi cabeza en su hombro y me hice el dormido, esperando que algo pasara, pero nada ocurrió. Luego me acomodé en mi asiento y deje que mi rostro quedara a unos 5 centímetros del suyo y con mi mano acaricié su mejilla. Al instante despertó.

- Disculpa - dije.

- No te preocupes - me sonrió, me dio un beso en la mejilla, tomó mi mano y la puso en su cintura.

Aproveché la oportunidad. Nos besamos durante largo rato. Ella luego se volteó para seguir durmiendo, solté su cintura para acomodarme en mi asiento, pero ella no me dejó.

- Abrázame - dijo, acto seguido volvió a tomar mi mano y a ponerla en su cintura, se apegó a mí.

- Me gusta dormir acompañada - explicó, mientras movía su pelo hacia un costado.

Era una invitación, de aquellas que no se pueden rechazar, me acerqué a ella y comencé a besar su cuello, instantes después se volteó y comenzamos un juego de caricias que no podré olvidar.

Eran aproximadamente las 5 de la mañana, faltaba poco para llegar a Santiago, nos miramos y supimos que no nos veríamos nunca más, por lo tanto debíamos aprovechar ese momento.

Todos dormían, o por lo menos todos aquellos que estaban cerca nuestro. Los besos comenzaron a ser más largos y tenían aquella doble intención, ambos queríamos sexo. La oscuridad nos protegía y el silencio era nuestro enemigo, ella estaba dispuesta a asumir el riesgo, lo vi en sus ojos.

Tratamos de hacer el menor ruido posible, las frazadas cubrían todos y el nerviosismo le daba otra mística a todo. Al terminar nos dormimos, necesitábamos descansar.

Una vez en Santiago, bajamos del Nilahue y fuimos por un café, yo esperaría un horario más prudente para despertar a mis amigos y a Paola la pasarían a buscar en media hora. Intercambiamos nuestros números de teléfono y seguimos conversando.

Media hora más tarde apareció Cristóbal, quien iba a buscar a Paola, ella me lo presentó.

- Él es mi pololo - dijo, lo saludé de mano, me presenté y nos despedimos. Ella me dio un beso en la mejilla y me murmuró.

- Gracias por todo.

Sabía que después de eso no la volvería a llamar, los vi caminar hacia la Alameda, ella volteó y me sonrió. Yo me quedé sentado, bebí otro café, borré su número de mi celular y me fui, me esperaba un día agitado.